Por Eugenia Leale y Josefina Elias

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Eugenia Leale Es adherente del CIEC Centro de Investigación y Estudios Clínicos

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Josefina Elías Es adherente del CIEC Centro de Investigación y Estudios Clínicos.

La pista de Berni en Juanito Laguna 

Por Josefina Elías
 
En esta cuarta edición de La Lúnula que tiene en sus manos, usted encontrará al inicio un fragmento de la obra “Juanito Laguna va a la ciudad” y en el final, una sección cuya denominación se inscribe en un detalle que, lejos de lo fortuito, parece más bien acompasar en pinceladas la articulación de los textos. 
Hacia el final de la trama que recorre cada una de las perspectivas que usted lector visitó, encontrará sin buscar, que “De lo anal al ideal: Arte y psicoanálisis”, abre una suerte de escansión. Es esta una invitación a separar el ojo de la mirada, para poder apreciar en el lenguaje del collage, cómo la nobleza de la madera empalma y funda el relieve de la pintura, del cartón y de los troqueles industriales con que fue construida. Es este un cuadro vivo, podríamos decir. La obra está ahí para ser narrada, mirada y, al mirarla, nos captura en ese campo de la visión, donde se cuela acaso su intención de hacernos caer en la trampa. Aquella a la que Lacan refiere cuando ubica que es en el fondo del ojo donde se pinta el cuadro. Una manera de situar al cuadro no sólo desde el lugar de lo puntiforme -efecto de perspectiva- sino ya desde adentro de la escena escópica de quien mira, haciendo intervenir incluso aquellos elementos elididos del espacio geometral1
Según pudimos extraer de la serie y de algunos datos de la biografía del pintor, sabemos que Juanito juega, viaja, se relaciona con los animales, saluda a los astronautas que pasan por su barrio, se emociona con las mariposas y los barriletes, festeja la navidad, aprende a leer, a pescar, etc. Berni se interesa especialmente en los desechos para crear la serie que integra el fragmento mencionado. Son apenas salpicaduras de brea, trastos, recortes de hierro oxidado, que, como consecuencia de la evolución de las sociedades industriales, se producen y descartan a gran escala. 
Sin embargo, en cuanto a los fines que nuestro interés comporta, no es la relación del autor con el niño que retrata, sino el hecho de poder captar cual es la función del cuadro para aquel a quien el pintor da a ver con el mismo. Como dice Lacan, “la relación de la mirada con lo que uno quiere ver es una relación de señuelo”2. ¿Se tratará de dar a ver aquello que no se quiere ver? Siguiendo esta vía de invitación a deponer la mirada, donde esos elementos realizan el testimonio del despojo, el pintor crea un personaje que no es cualquiera. Es un niño a quien vuelve reconocido en la dimensión de una nominación, Juanito Laguna tiene nombre y apellido. Como si de alguna manera este personaje deviniera tal tras su subjetivación. Sin embargo, luego de mirar la obra, difícilmente pueda uno salir de allí como entró, difícilmente pueda mirar la obra sin un bocado de asombro, sin invocar cierto llamado a la extrañeza. ¿Por qué labrar un niño utilizando desechos de la civilización? 
Podríamos remitirnos al sistema de equivalencias freudianas y encontraríamos allí el hilo conductor que acerca al niño a este lugar de desecho en la época. Eric Laurent plantea que el niño, en tanto objeto causa y condensador de goce, está liberado de los lazos simbólicos con el Otro. De este modo, diríamos que es tomado “como objeto a producido, liberado, como el que estructura la familia - y agregaríamos, la civilización- y distribuye en ella el goce, consistiendo en ser su astro o su desecho”3.
El retrato del niño que el pintor parece homenajear -el cuadro data de 1963- es leído como una manifestación política de denuncia, donde quemas y basurales constituyen el escenario del sector social que habita a espaldas de las grandes urbes. En este terreno emerge Juanito, como la metáfora sobrecogedora de esa atmósfera residual, que ha trascendido y sobrevive ostensiblemente en la época, pero elevado a la dignidad de un objeto artístico.
 
 
Referencias Bibliográficas
1- Lacan, J.: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Bs. As., Paidós, 1986, p.103
2- Ibídem, p. 111 
3- Laurent, E. "Nuevas inscripciones del sufrimiento del niño" en El goce sin rostro, Tres Haches, Bs. As., 2009. 
 

 

Retrato de Antoni Berni

Por Eugenia Leale
 

El 6 de noviembre de 1961 -a juzgar por las crónicas de la época- un acontecimiento conmueve al ambiente artístico en Buenos Aires, “se produce una interrupción del sentido absoluta” (sic). Ese día, en las galerías Witcomb es presentado en sociedad un nombre: Juanito Laguna.
¿Quién es Juanito Laguna? “La cara,… es un rompecabezas de la basura. Maderas quemadas, recortes de hierro oxidado, salpicaduras de brea,... planchuelas industriales rotas, placas de loza erosionadas. El cuello se conforma por una estructura en reja de madera… Lo abriga una bufanda de chapa, rígida, hecha con dos matrices de acero. En lugar de pelo le han crecido floraciones aisladas de virulana”1 . Esta descripción, corresponde al primer cuadro de una serie de doce que presenta Antonio Berni (más adelante llegarán a ser más de veinte). Resulta interesante preguntarse el por qué del efecto que tuvo en aquel momento la muestra.
Una respuesta posible, es que el nacimiento de Juanito Laguna es en algún sentido el nacimiento de su creador. No se trata de ningún modo del acceso de Berni al reconocimiento del público -lo tenía y mucho- pero hay algo que él mismo dice en referencia a uno de sus cuadros, anterior a la serie de Juanito: “ese pintor ya no existe”. Berni despliega en la creación de Juanito aquello que como artista lo hace más singular. Hay en la saga de Juanito Laguna una innovación de la técnica –un modo particular de combinar en el collage la yuxtaposición de elementos, de texturas, un trabajo de los volúmenes. Pero lo más relevante es la mutación que se produce en el mismo Berni, quien era un artista cuya producción respondía hasta aquí a las pautas de distintos movimientos artísticos (impresionismo, paisajismo, surrealismo, realismo social), vinculando su obra en todos los casos a la cuestión del Ideal: su posición ética de denuncia respecto de la segregación efecto de la sociedad capitalista.
Con Juanito Laguna somos testigos de la aparición de aquello que es propiamente el estilo de Berni. El estilo, respecto del cual Lacan se pregunta, a partir de su cita inicial en la Obertura de los escritos, “si no es el hombre mismo”2.
Hay un real al cual Berni bordea con su creación, el dirá: “Combino los rezagos por su color y materia en su posible funcionalidad expresiva, y con ellos voy construyendo el cuadro, poblándolo de crueles fantasmas sugeridos por una realidad total, bella y elegante pero llena de llagas infecciosas bajo la pulcritud de su vestido”3. El efecto de esa operación es construir en el retrato de Juanito Laguna su propio retrato; pero también en esa serie de Juanitos fabricados con desechos, cada vez más bellos, Berni eleva esos restos de la sociedad a la categoría de objetos artísticos. Salvación por los desechos en la que podemos tal vez hacer resonar aquello que propone Eric Laurent: “el desafío actual que tenemos, es que aquellos chicos que no van a entrar en el sistema, logren aún apreciarse a sí mismos y no queden en un lugar de desperdicio de la economía global.”4


Referencias bibliográficas
1. García, Fernando. Los ojos. Ed. Planeta, Buenos Aires, 2005, pág. 218
2. Lacan, Jacques. Escritos 1. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1988, pág. 3
3. Viñals, José. Berni. Palabra e imagen. Galería Imagen, Buenos Aires, 1976, pág. 92
4. Laurent, Eric. Entrevista Diario La Nación - 3/6/2007


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