El analista-practicante, un campo que se forja a condición de no hacer(se) escoria del resto

Por Fernando Mó

 fernando mo

Fernando Mo: Es psicoanalista en San Juan, Argentina. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)

 “El resto es, en el destino humano, fecundo. La escoria es el resto extinguido. En este caso, el término escoria se emplea de modo completamente negativo. Apunta a esa verdadera regresión que puede producirse en el plano de la teoría del conocimiento psicológico, en la medida en que el analista se encuentra colocado en un campo del que sólo puede huir.

La escoria, en este caso, son los propios analistas –pese a que el descubrimiento del inconsciente es todavía joven, y constituye una oportunidad sin precedentes de subversión”
Lacan1

El epígrafe anterior constituye, durante la elaboración de 1964, un llamado de Lacan a la presencia del analista en la cura o, dicho de otro modo, a la no evaporación del practicante en la experiencia para que su praxis devenga analítica.

Práctica, ¿analítica?

En ese contexto Lacan ubica en el recurso a una terapéutica ortopédica centrada en el yo, una forma de disipación del analista, agregando que tal recurso es oscurantista; ello implica la efectuación de una posición obcecada respecto de lo que el descubrimiento del inconsciente impone a la práctica, que impacta directo en la transferencia en tanto que en el modo de tratar a los pacientes rige dicho concepto y viceversa.

¿Estamos a salvo hoy de ese fuera de campo analítico? Al contrario, cada época propone su emboscada y ninguna naturaleza resguarda al practicante de ese resto opaco inherente a la experiencia que es preciso no extinguir para que el acto comparezca.

Una práctica puede estar más o menos asegurada, puesto que la praxis es el término más amplio para designar una acción concertada por el hombre que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico,2 siendo más o menos esclarecida; pero para que una práctica devenga analítica es necesario operar una aplicación.

Un film de Carlitos Chaplin, pero sin comicidad3: el gag analítico

Se puede leer dicho fuera de campo del practicante a través de una imagen propuesta por Lacan en su Seminario “…o peor”. la dimensión del gag.4

Lo que allí llama la interpretación subjetivista puede constituir una de las vías regias para el fuera de posición del analista, que sostiene así una práctica imantada por la dimensión de los efectos sin anclaje en aquello que puede producir causa. Con su subjetividad como tapón es arrastrado por la prosa de las sesiones, sin anudar algo del resto que pudiere tornarse fecundo, al tiempo que se evapora su presencia.

Lacan insta así a formarse para distinguir lo tocante al Uno y para aproximarse a ese real -lalengua que habla en cada Uno- para evitar que la posición del analista se vuelva un gag4 lo cual puede ser uno de los destinos naturales del sentido desencadenado de la causa.

La dirección sería no hacer(se) escoria del resto que se produce por estructura en el discurso; para forjar el territorio de su acto es preciso alojar ese plus, esclareciendo las coordenadas que el lazo transferencial pone en acto.

Dicha operación de lectura es un aspecto clave de la praxis capaz de fundar el campo practicante-analista.

En la práctica, el efecto sin comicidad puede traducirse por angustia del practicante.

Ablata causa, tolluntur effectus

¿Con qué condición es practicable la vía de Freud?, interroga Miller5 podemos adelantar una condición: introducir el campo de la causa.

La extensa meditación que Lacan dedica a este problema tiene, a propósito de la presencia del analista, un relieve cardinal: propone un análisis trascendental de la causa para dar precisión a nuestra implicación como analistas en el campo fallido de la repetición que determina la experiencia.6

Especifica a la causa inconsciente como causa perdida en el sentido del funcionamiento cómplice de los efectos; tras haber enmendado según las necesidades de la práctica la fórmula clásica ablata causa, tollitur effectus, afina: “tolluntur effectus –lo cual significaría que los efectos sólo andan bien en ausencia de la causa. Todos los efectos están sometidos a la presión de un orden transfactual, causal, que pide formar parte de su ronda, pero si se cogen bien de la mano (…) obstaculizarán a la causa para que se inmiscuya en ella”.7

Por ello Lacan plantea que es necesario defender la causa inconsciente; no una causa a reencontrar sino a producir a partir de la rueda de los efectos en los que un cuerpo está tomado.

La presencia del analista forma parte del concepto de inconsciente en la medida en que opera en sentido opuesto del rechazo de la causa, a falta de lo cual él mismo quedaría fuera de campo por no soportar en el lazo ese resto que habrá podido volverse fecundo.

Así Lacan nos introduce al problema de la causa en la transferencia, que incluye al practicante como escoria al sustraerse o como un sedimento que pulsa la subversión analítica.

Aplicación

Es preciso aproximarse y distinguir lo que toca al Uno en la experiencia, tanto en quien habla como en quien escucha, y sobre eso operar una aplicación, puesto que no es apenas cuestión de teorizar el escándalo -del descubrimiento freudiano-, sino también de practicarlo.8

En ello la pregunta con qué condición es -para un practicante- practicable la vía de Freud, podría ser la interrogación a sostener en la clínica elucubrada sobre la praxis en cada instancia del trípode de la formación y en el trabajo de Escuela.

Sería elucubrar un saber que no fuese una elucubración teórica, un saber que no fuese indigno de un simple arreglárselas con lo real fuera-de-sentido.

Sin duda esto constituye una paradoja (…) Pero Lacan hace de esta paradoja una aplicación concerniente a lo inconsciente, una aplicación que podemos seguir a condición de distinguir el inconsciente en calidad de elucubración teórica de Freud y el inconsciente en el nivel de lo real.9

Para que el analista comparezca en la praxis, sin quedar reducido a un resto vil y de ninguna estimación, el tratamiento en formación de lo que hace causa inconsciente constituye una oportunidad sin precedentes de subversión para su acto.

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Referencias Bibliográficas


  1. Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1995, página. 141.
  2. Ibídem, p. 14.
  3. Alusión a la canción de Miguel Cantilo “Yo vivo en esta ciudad”, 1970.
  4. Lacan, J.: El Seminario, libro 19, “…o peor”, Paidós, Buenos Aires, 2012, páginas 182-186.
  5. Miller, J-A., “Un esfuerzo de poesía”, Paidós, Buenos Aires, 2016, página 41
  6. Lacan, J., El Seminario, Libro 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Paidós, Buenos Aires, 1995, página 134.
  7. Ibídem. La fórmula clásica traducirse por: retirada la causa, suprimido el efecto.
  8. Miller, J-A., “Un esfuerzo de poesía”, Paidós, Buenos Aires, 2016, página 50.
  9. Miller, J-A., “El lugar y el lazo”, Paidós, Buenos Aires, 2013, página 413.

 

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