El objeto anal

Por Luis Tudanca

 luis tudanca

Luis Tudanca: Es psicoanalista en Buenos Aires, Argentina. Analista de la Escuela (AE 2010-2013) Analista Miembro (AME) de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

 

La primera pregunta que valdría la pena hacerse en relación al objeto anal es la siguiente: “¿por qué vía entra el excremento en la subjetivación?"1 Lo que el Psicoanálisis demuestra es que dicho objeto entra en la subjetivación a través de la demanda del Otro, representada por la madre.

En lo que llamamos la inversión de la demanda se pasa de un primer tiempo, centrado en la demanda oral al Otro, a un segundo momento, sostenido en la demanda del Otro. A partir de dicha demanda pasa al primer plano una dialéctica: la de retener-expulsar. A considerar: el niño no da su excremento con total conformidad aunque rápidamente observe que al Otro le satisface su entrega.

A partir de allí uno se puede preguntar si este proceso no deja siempre una marca que fija la manera en que cada cual se relaciona con ese objeto de allí en adelante. Ese es un aspecto de la cuestión. Si ahondamos en la misma, enseguida percibimos que el objeto anal se vincula con los otros objetos pulsionales de una manera no lineal ni evolutiva, que establece lo que llamaremos el circuito pulsional de cada quien. Eso implica entrecruzamientos variados, a veces caprichosos, sin ninguna lógica o, en todo caso, sostenidos en la lógica singular de un sujeto.

Todavía un detalle: el niño suele preguntarse adónde va a parar ese objeto que se le demanda. Esa pregunta ya es índice de una angustia. Que se le niegue alguna respuesta o se invente alguna relativa a la ecología de moda, nunca cierra del todo. Lacan lo explica así: “eso de ahí es al mismo tiempo de él y no debe ser de él, e incluso, más adelante, no es suyo”2 La dialéctica se adorna con: qué linda, que fea, mejor deshacerse de ella.

La obsesión

Se pensó un predominio de lo anal en la obsesión. Se hizo así una lista de síntomas relativos a la demanda del Otro ante la cual el obsesivo se somete: duda y postergación en primer plano, que lo lleva a dificultades para llevar adelante lo que le piden. Como consecuencia de este proceso se habló de la anulación del deseo, del deseo imposible.

Pero resulta que Lacan viene a discutir ese punto. Todo el plano de la analidad es defensivo y segundo en relación a una angustia radical proveniente del deseo del Otro. He allí el lugar por donde empieza el asunto y es difícil discriminar en el mismo lo que debe tanto al deseo del Otro como al supuesto goce del Otro (capitán cruel como ejemplo), siendo también un plano vinculado al objeto voz.

Otra manera de decirlo: lo que está en juego desde el inicio y ante lo cual el obsesivo construye todo su andamiaje defensivo es la castración del Otro, nuestro Otro barrado.

Respuesta y traslado

Una vez situada la analidad como respuesta cabe distinguir su traslado al plano del amor y al de la sexualidad.

En el plano del amor nos encontramos con lo que conocemos como amor oblativo que podemos resumir en una fórmula: dar lo que se tiene, es decir, la inversa de la fórmula que Lacan propone para el amor: dar lo que no se tiene. Su fundamento es la mierda, pero se traduce como generosidad y conlleva un don al Otro. Cualquier regalo confunde un poco el plano del amor con dar lo que se tiene y recuerda las equivalencias freudianas.

Se puede aún hoy seguir las desventuras provocadas por el malentendido estructural en las parejas en este punto: nunca es suficientemente espontáneo, ni demasiado oportuno, o no se tuvo en consideración el gusto propio y ni hablemos cuando un regalo confunde necesidad y deseo, y los olvidos.

Hay todavía el traslado del fantasma oblativo al plano sexual, que implica hacer el amor sometiéndose, otra vez, a la demanda del Otro y ofreciendo como don el orgasmo. En este punto Lacan recuerda que, por ejemplo en el caso de los hombres, el orgasmo eyaculatorio es castración y no funda la relación con el Otro sexo.

Gramática y lógica

La problemática anal se revela en el discurso de alguien cada vez que se presentan las coordenadas que tratamos de situar. Es común que los analizantes hablen de la dialéctica cagar-ser cagado, no necesariamente con estos términos, que siempre muestran el trasfondo anal de la cuestión. A Lacan le llevó hasta el Seminario 113 reducir cualquier dialéctica pulsional a un “hacerse”.

En lo que venimos desarrollando nos interesa señalar que no se trata de cagar ni de ser cagado sino de hacerse cagar. Esa fórmula elimina una posible confusión entre lo activo y lo pasivo para volver a mostrar que la pulsión es siempre activa. O como Lacan lo fundamente en el Seminario 17: no sólo uno recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida sino que también recibe “su propio goce bajo la forma del goce del Otro”.4

Circunscribir eso en un análisis nos deja a la puerta de: ¿la construcción del fantasma o su atravesamiento? Entre construcción y atravesamiento se mezcla la lógica: la función de axioma del fantasma fundamental precipita una vez construida la frase gramatical en la que se sustenta. De allí se deduce la lógica singular de toda una vida.

El síntoma social

Lacan define el objeto a como resto. Pero un resto puede devenir resto fecundo o escoria. Con el término escoria se abre la posibilidad de pensar la función del objeto anal en lo social. Se abren dos vías: la del objeto escoria como tal y la del propio parlêtre como escoria.

En la primera basta con pensar la sociedad en la que vivimos caracterizada por la acumulación cada vez mayor de desechos. Decir que tenemos un problema con la basura esconde que todo está hecho para su producción, para así renovar la necesidad de lo “nuevo”.

Pero el problema más acuciante es que el ser humano mismo empieza a caer en las mismas coordenadas que lleva a Lacan a definirlo como un proletario. Siempre me llamó la atención que Lacan utilizara ese término proveniente de la tradición marxista para caracterizar el individuo contemporáneo.

Individuo proviene del latín “individuus” que significa indivisible. Pero además, del Seminario 17 en “La tercera”5 pasamos del esclavo al proletario. En el esclavo, a la vez, Lacan podía situar un pasaje que iba del sin medios de producción al sin su saber hacer, pasaje del discurso del amo antiguo al discurso universitario.

Pero ahora es: proletario como desecho del mercado. He ahí la escoria social, el excremento que no se recicla. Lo que más indica esta perspectiva es la figura del desocupado o la del no ocupado desde el vamos, ambas variantes. Desocupado no es solamente sin trabajo, es alguien sin lugar, un desalojado, en definitiva un desocupado del Otro que tanto insistimos en que no existe.

Roto el lazo social, irrecuperable para muchos, ¿qué queda? O los esfuerzos por suplir con nuevos lazos inéditos, o sucumbir al haber caído en el lugar de la escoria.

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Referencias Bibliográfícas


  1. Lacan, J. El seminario Libro 10 La angustia Paidós Argentina 2006 Página 327.
  2. Lacan, J.: Ibid (1) Página 326
  3. Lacan,J. El seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis Paidós, Buenos Aires1995
  4. Lacan, J.: El seminario Libro 17 El reverso del Psicoanálisis Paidós Argentina 1992 Página 69.
  5. Lacan, J. “La Tercera” en Revista Lacaniana 18 Publicación de la EOL. Buenos Aires 2015
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