El polimorfismo del dinero. Incidencias en la transferencia

Por Adriana Testa

 

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Adriana Testa: Analista miembro (AME) de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Miembro de la Fundación Descartes. Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires y del Instituto Oscar Masotta. Directora de la revista Colofón, publicación de la Federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana (FIBOL).

Una máquina de acciones; el héroe de la metamorfosis que descubrió Marx, que puede cambiar, que puede equivaler a todas las cosas; una droga; una promesa; un objeto artístico, un resto fósil, los restos de una lengua muerta. Con este estallido de significaciones, Alan Pauls escribe Historia del dinero,1 centrado en ese objeto polifacético que enhebrará las relaciones entre los personajes de su novela.
 
En una entrevista realizada, en septiembre de 2013,2 sobre el libro que cierra la trilogía de las historias del llanto, el pelo y el dinero, Pauls nutre la polisemia de esa palabra en un intento de asir lo que se revela como inasible en su uso y función. La novela, y en particular, sus reflexiones en esa entrevista son una buena entrada al tema del dinero y su incidencia en la práctica del psicoanálisis.
 
En el Libro 7 del Seminario, La ética del psicoanálisis, Jacques Lacan dio una definición de la sublimación, muy próxima a los desarrollos freudianos sobre el tema, aunque su enunciado fue inédito. “Eleva el objeto a la dignidad de la cosa”3. Acompañó a esta definición un comentario sobre Georg Simmel y un pedido de referencias sobre el filósofo al Sr. Kaufmann.
 
“Hay en Simmel algo que me interesa, pues tiene no sólo la noción de distanciamiento, sino la de un objeto que no puede ser alcanzado. Pero todavía es un objeto. Ahora bien, lo que no puede ser alcanzado en la Cosa es justamente la Cosa y no un objeto, existiendo así una diferencia radical con Simmel, coherente con la aparición, en el intervalo, de esa diferencia que constituye el inconsciente freudiano.”4
 
Los datos sobre su libro Filosofía del dinero no se hicieron esperar. Kaufmann comenta precisamente, en una de las clases del Seminario, las referencias que Lacan tomó para enunciar su definición de la sublimación. Paul Vanden Berghe en su ensayo, Lacan lector de Simmel: una extraña alianza5, escribe sobre ese fugaz punto de encuentro entre ambos autores y sobre las divergencias que indican la disparidad de sus respectivos movimientos.          
 
Esa referencia me indujo a indagar sobre una posible relación entre Sigmund Freud y Georg Simmel. Curiosamente, ambos escriben sobre el dinero, para la misma época, desde ópticas muy diferentes. Sin embargo también ese punto de encuentro es de gran interés para nuestro tema. 
 
No se conocieron, no se citan. Sus obras fundantes se editan en el mismo año: (o con la diferencia de un año): La interpretación de los sueños y Filosofía del dinero. Sus fechas de nacimiento son muy próximas: 1856, Freud; 1858, Simmel. Comparten la época; los espacios modernos, la gran influencia de la metrópolis, es decir, las características más sobresalientes de la vida moderna en el cambio de siglo. La ciudad es Viena con los círculos sociales de su intelectualidad urbana y cosmopolita. La cultura de la conferencia es común a los dos autores: “verdadero lugar de encuentro de una intelectualidad vienesa burguesa, comprometida con los procesos de modernización de la sociedad”, dice Juan Pablo Garavito Zuluaga en su ensayo, “Freud y Simmel o dos paseantes por la metrópolis moderna”.6
 
El debate sobre la diferencia entre “cultura” y “civilización” y el concepto de “nerviosidad moderna” forman parte de la disputatio de la época. Dos ensayos dan la pista: La metrópolis y la vida del espíritu (1903) de Simmel y “La moral sexual ‘cultural’ y la nerviosidad moderna” (1908) de Freud.7
 
Sueños y dinero son dos elementos nimios (“lo burdamente cotidiano y profano”8) que ambos autores ponen bajo relieve en medio de un discurso imperante como el de Dilthey, el discurso de las “ciencias del espíritu”, es decir del campo superior del arte, la religión, las ciencias y la historia. En términos de cercanías intelectuales, Garavito Zuluaga plantea el uso de la sinécdoque como otro elemento común en el movimiento que uno y otro representan: “al transformar tanto el dinero como los sueños en ejemplos privilegiados de mecanismos mucho más complejos, en los que se verán por un lado el funcionamiento psíquico todo del individuo (Freud), o por otro, los sistemas de relación de la sociedad moderna (Simmel)." Freud hará de los sueños el schibboleth del psicoanálisis, la palabra clave para determinar quién está adentro y quién afuera. “Quien niega los sueños como punto fundamental de la doctrina –argumenta Garavito Zuluaga- se queda sin ningún asidero, sus teorías se disuelven en la indiferencia de la equivalencia; es el valor que le otorga valor a todo lo demás. Por supuesto, el schibboleth tiene un nombre: Freud.”9   
 
En 1908, Freud escribe, ante el escándalo de muchos, un breve artículo sobre “Carácter y erotismo anal”. Al respecto, James Strachey consigna que el dinero y la avaricia ya habían sido vinculadas a las heces en una carta a Fliess del 22 de diciembre de 1897. Dos historiales clínicos guardan una relación estrecha con el tema: el análisis del “Hombre de las ratas” (1909) y el del “Hombre de los lobos” (1914), al que le sigue una ampliación del tema allí tratado, en “Sobre las trasposiciones de la pulsión, en particular el erotismo anal” (1917).  
 
En la carta a Fliess dice, en relación a algunos verbos que derivan de términos originariamente coproeróticos: “Eso armoniza por completo con la teoría del heder interior. Sobre todo, el dinero mismo. Yo creo que esto pasa por la palabra ‘roñoso’, usada para ‘avaro’. De igual modo, todas las historias de nacimiento, aborto, período, se remontan al locus a través de la palabra ‘Abort’ {‘escusado’} (‘Abortus’ {‘aborto’}). Parece del todo demente, pero es por entero análogo al proceso por el cual las palabras cobran un significado translaticio, tan pronto como se presentan conceptos nuevos necesitados de designación […]”10
 
Desde la lectura de este temprano planteo sobre el valor de las palabras y su significado translaticio podemos conjeturar que la equivalencia que Freud plantea en 1908 entre heces y dinero no se reduce a esa mera equivalencia. En 1917, amplía la serie y agrega tres términos más, regalo, niño y pene; y su marco de análisis pasa a ser el complejo de castración, es decir la operación que introduce la falta y la separación entre un objeto y el cuerpo. En 1923, agrega una interpolación en la teoría de la sexualidad: “la organización genital infantil”, y allí incluye el término falo, para nombrar un rasgo universal ligado a la diferencia sexual y la castración. A partir de este nuevo término, resignifica la serie inicial y desbarata el sistema de las equivalencias porque lejos de agregar una más, instituye una falta constitutiva e inaprehensible que hace posible múltiples y diversas transmutaciones inconscientes. Exactamente desde esta perspectiva freudiana, Lacan planteará la subversión del sujeto del inconsciente en términos de Spaltung: la división como constitutiva de su ser; la marca de un desgarro incurable. “El falo como significante –concluye Lacan- da la razón del deseo […] del Otro como tal que al sujeto se le impone reconocer”.11  
 
En la entrevista de referencia, Alan Pauls lee críticamente en Freud el sistema de las equivalencias. Me aburre, dice. No condice con su genio. Efectivamente, su lectura advierte que este tópico de la teoría puede ser reducido a simples analogías que velan el orden simbólico y real introducido por el falo. Es la presencia de una ausencia, la efectividad de una pérdida, el corte, la ruptura, lo que emplaza el orden atópico del inconsciente. La equivalencia –comenta Pauls- es lo que neutraliza la potencia que hay tanto en lo libidinal como en lo económico.
 
Es sorprendente seguir el comentario de Garavito Zuluaga, acerca de los planteos de Simmel sobre el dinero, por su proximidad a los de Freud.
 
Al unísono del espíritu moderno y frente a la perennidad buscada y a la ahistoricidad pretendida de las “ciencias del espíritu”, Simmel sostiene que estas ciencias están afectadas por la movilidad más fluida que pueda concebirse. No abandona el enfoque psicológico:12 “el carácter autoerótico de la moneda, tanto como su relación narcisista con el sujeto. Así –dirá- es el vacío simbólico como posibilidad pura de intercambio lo que conforma al dinero como reflejo del sujeto moderno […] Simmel busca pasar de los efectos individuales a la forma general de los intercambios colectivos … a la forma de vida en la gran ciudad […] En su ensayo “La metrópolis y la vida del espíritu” comparará la abstracción del intercambio del dinero con la puntualidad de la vida cotidiana, hecha posible por la generalización del reloj de pulsera.”13 De este modo, dinero y reloj pasan a ser dos objetos claramente ubicados entre la visibilidad del objeto y la invisibilidad de la operación simbólica que uno y otro introducen. 
 
Contra Marx pero no sin servirse de él (la referencia es el “fetichismo de la mercancía”) Simmel destacará “la visibilidad omnipresente” del dinero, su “presencia autoevidente” como resultado de su efectividad real en el mundo de los objetos.  “En la vida cotidiana, se presenta como un medio puro y transparente de regular los intercambios de bienes, como algo que tiene una existencia fugaz en el momento mismo en que se da una cosa por otra”.
 
Ambos movimientos, tanto el freudiano como el simmeliano, apuntan a un mismo blanco: “elevar la ausencia a la presencia”. Freud postulará “volver consciente lo que estaba deformado y casi olvidado en el inconsciente [será Lacan quién volverá más tarde sobre  el  sentido freudiano del “desecamiento del Zuiderzee”]. Simmel se ubicará en el abismo entre la invisibilidad y lo visible del dinero, e intentará elevar a éste como símbolo vacío, al nivel del sentido, a la solidez de la interpretación.”14
 
Sobre la presencia y la importancia del dinero en el lazo bajo transferencia el salto de Freud a Lacan es notable y decisivo por sus alcances clínicos. El tiempo de la sesión también formará parte de ese giro.
 
Es de interés destacar el enfoque desde el cual Garavito Zuluaga analiza la invención de la práctica freudiana con respecto a la inversión que promueve Lacan. Crea una “estructura objetiva de condiciones para la exitosa curación del analizado”15. En esa misma línea, plantea el uso del diván como un corte en la visión. De ese modo, Freud suspende todos los mecanismos que permiten despertar la atención intelectual en la vida cotidiana. Bien podemos decir entonces, que desde la fenomenología husserliana, pone entre paréntesis la cotidianeidad para llegar a una reducción fenomenológica. Tiempo, dinero y visión quedan supeditados a “una condición de neutralidad y una asepsia de sensaciones.”16 
 
El giro de Lacan con respecto al uso del dinero y el tiempo fue a contracorriente del  efecto de estandarización que se produjo en la práctica del psicoanálisis, tras la invención freudiana. Su innovación consistió en dejar fuera todo parámetro exterior a la situación analítica misma (para todos, el mismo). Así, pasan a ser dos factores clave de la operación analítica misma, atenta a los efectos que produce.
 
En el Seminario sobre “La carta robada” (1955), plantea precisamente el efecto del uso del dinero en la transferencia:
 
“¿Y no es la responsabilidad que implica su transferencia [la de “las cartas robadas”] la que neutralizamos haciéndola equivaler al significante más aniquilador que hay de toda significación, a saber el dinero?”17  
 
Unas líneas antes dice sobre lo que es transferido al analista:
 
“Nosotros nos hacemos emisarios de todas las cartas robadas que por algún tiempo por lo menos estarán con nosotros ‘en sufrimiento’ (en souffrance) en la transferencia”18.
 
¿Cómo opera, entonces, esa neutralización en la transferencia? Aquí leemos una clave fundamental del giro al que hemos aludido. La equivalencia que Lacan introduce con el dinero, es decir con la intromisión de ese significante que aniquila toda significación (Simmel), hace posible neutralizar la potencia de lo que se transfiere a la persona del analista, neutraliza lo que acontece en la situación analítica; pero al mismo tiempo la sostiene en el juego abierto de la demanda y el deseo que allí opera. El analizante trabaja y paga; el analista en su función es el soporte de esa subversión: paga quien trabaja (no al revés), y lo hace por un tiempo que el analista mismo escande, fuera de una medida cronológica previamente establecida. En el momento de estar frente a frente el dinero pasa de una mano a otra. Cash, dice Pauls, ¡un arcaísmo militante en un tiempo en el que se usa cada vez menos! Así es. En acto,  el analizante algo pierde. El vacío que produce esa pérdida así como el corte de la sesión juega su partida en ese encuentro. Engendra nuevas significaciones.
 
Lacan demuestra que la transferencia es guardar, poner en reserva. Guardar nada, un vacío que aparece como el objeto más preciado. Jacques-Alain Miller en el comentario sobre el Seminario sobre La Transferencia subraya precisamente esto: el analista es el que guarda nada. Guarda y engendra, "guarda la significación que engendra al retener nada".19
 
En ese punto, el dinero incide al mismo tiempo como significante que neutraliza y como regulador de un intercambio, al precio de una subversión: paga el que trabaja.  
 
Decididamente allí no hay en juego “una asepsia de sensaciones”, sino las condiciones de una neutralidad que le haga posible a quien opere en la función de analista abstenerse y sustraer su persona toda vez que la pregnancia del sentido obstaculice el trabajo analítico; toda vez que lo detenga o que lo desvirtúe de sus fines. El capítulo de los fines es otro, no obstante vale aclarar que el terapéutico sólo lo es por añadidura, en la orientación a alcanzar arreglos posibles con las paradojas cruciales del modo de satisfacción que lleva a alguien a querer pasar por la experiencia de un análisis.-                     
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 Referencias Bibliográfícas

  1. Alan Pauls, Historia del dinero. Anagrama. Buenos Aires, 2013.
  2. Entrevista a Alan Pauls, Adriana Testa y Jesús Ambel, en Colofón n° 34, “El dinero: la subversión lacaniana”. Boletín  de la Federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana. Buenos Aires, 2014.
  3. Jacques Lacan, El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1988, pág. 138.
  4. Ibidem. Pág. 194.
  5. Paul Vanden Berghe, Lacan lector de Simmel: una extraña alianza. Buenos Aires. Ediciones Grama, 2003.
  6. Juan Pablo Garavito Zuluaga, “Freud y Simmel o dos paseantes por la metrópolis moderna” en Universitas Philosophica, Año 24, 48: 29-69. Junio 2007, Bogotá, Colombia, nota 10, pág. 
  7. Ibídem, nota 14, pág. 36.
  8. Ibídem, pág. 42.
  9. Ibídem, pág. 42
  10. Sigmund Freud, Fragmentos de la correspondencia con Fliess. Carta 79 en Obras completas. Buenos Aires. Amorrortu editores, 1986,  Tomo I, pág. 315.
  11. Jacques Lacan, “La significación del falo” en Escritos 2. Buenos Aires. Paidós, 1984, pp. 672 y 673.
  12.  Antes de publicar La filosofía del dinero, Simmel trabajó sobre una “Psicología del dinero”. En 1889 publicó un artículo con ese título.
  13. Juan Pablo Garavito Zuluaga, idem, pág. 44.
  14. Ibídem, pág. 45
  15. Ibídem, pág. 49.
  16. Ibídem, pág. 55
  17. Jacques Lacan, El Seminario sobre “La carta robada” en Escritos 1. Buenos Aires. Siglo veintiuno editores, 1984, pág. 30
  18. Ibídem, pág. 30
  19. Miller, Jacques-Alain, "El reverso de la transferencia" (marzo de 1991), en Uno por Uno N° 20/21, Buenos Aires, 1991. Pág 28

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