Entrevista a Sérgio Laia: Jóvenes, saber y segregación

“Hacia el Seminario Internacional del CIEC Jóvenes 2017 Inhibiciones, síntomas y angustia”

Por Carolina Córdoba y Beatriz Gregoret

sergio laia

Sérgio Laia: Es psicoanalista en Belo Horizonte, Brasil. Miembro de la Escuela Brasilera de Psicoanálisis (EBP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)

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Carolina Córdoba Es psicoanalista en Córdoba, Argentina. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC) 

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Beatriz Gregoret Es psicoanalista en Córdoba, Argentina. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC) 

En el mes de octubre de 2016, Sergio Laia fue invitado a una Noche de la Escuela de la Orientación Lacaniana -Sección Córdoba. Esta entrevista se realizó en esa oportunidad.

Carolina Córdoba: En el año 2007 usted nos decía aquí en su primera visita a Córdoba, que cada vez más las familias son tomadas por la paradoja topológica de la segregación. Segregación ya señalada por Lacan a fínales de los años 60. Usted observaba que la misma paradoja topológica se podía verificar en las escuelas, donde la universalización de la enseñanza bajo el lema educación como derecho de todos, no es excluyente de los procesos de segregación. En la medida que el proyecto de un “para todos” da lugar a formas sutiles, pero no menos eficaces, de anonimato ¿Cómo piensa usted hoy la problemática de exclusión de los jóvenes y de la segregación, a casi una década de esta formulación suya?

Sergio Laia: Bueno creo que se puede decir por un lado que la cosa está peor. Porque me parece que eso que yo pensaba en el 2007 sobre el anonimato permanece hoy en día aún más fuerte aunque sea más sutil.  Mucho más que en el 2007, en la actualidad vivimos en un mundo de los nombres. Me parece que cada uno se pone un nombre, es más es ofertado un nombre a cada uno que lo acepte, pero el problema es que ese nombre no logra verdaderamente nombrar algo de lo singular del sujeto, o del hablante ser, o del parlêtre como decimos con Jacques-Alain Miller. Porque, de hecho, ese tipo de singularidad está involucrada con el goce. Entonces hay una suerte de proliferación de los nombres, hay una impresión de que el derecho al cuerpo parte del hecho de que cada uno tiene un cuerpo y es su derecho tenerlo, y eso da una sensación de libertad de autonomía. Por una parte es verdad que este tipo de autonomía existe pero por otra parte me parece que esto hace que cada uno permanezca aún cada vez más solo. Entonces no se logra encontrar una suerte de lazo discursivo-si se le puede decir así- y me parece que en ese sentido el último libro de Eric Laurent El reverso de la bíopolítica nos ofrece, elementos, brújulas muy importantes para percibir este movimiento actual del derecho al cuerpo y al mismo tiempo de los nombres que no logran verdaderamente nombrar lo que pasa. Porque me parece que la diferencia del psicoanálisis de orientación lacaniana es que los nombres de lo que “se pasa...” como lo que vamos a escuchar por ejemplo en los testimonios de los AE, se ve que al mismo tiempo que hay nombres, singulares, muy propios de cada uno, al mismo tiempo esos colegas nos cuentan cómo esos nombres no logran nombrar todo, que hay que arreglárselas con ese tipo de cosa que no se nombra y está presente en el goce. Me parece que el problema del mundo contemporáneo que se volvió todavía más grave es que hay una tendencia mucho más fuerte hoy en día de pensar que si cada uno tiene un nombre propio específico entonces no hay el anonimato. Creo que se produce ese tipo de nominación paradojal donde cada uno tiene un nombre que no logra nombrarse ni tocar a lo innombrable del goce. 

Beatriz Gregoret: Nos gustaría que nos cuente de experiencias llevadas desde los Institutos del Campo Freudiano en Brasil, desde el psicoanálisis aplicado, de las invenciones de abordajes que responden a esta problemática.  Tenemos presente lo que nos trasmitió, en Córdoba, sobre un proyecto que nominaron Fica Vivo. Lo cual encontramos en consonancia con lo que Eric Laurent nos decía: “que el desafío actual que tenemos, es que aquellos chicos que no van a entrar en el sistema, logren aún apreciarse a sí mismos y no queden en un lugar de desperdicio de la economía global.” (Entrevista Diario La Nación - 3/6/2007) 

S.L. Bueno, Fica vivo es un proyecto del gobierno de la provincia de Minas Gerais que sigue existiendo todavía hasta el punto que logró ser una experiencia muy exitosa del combate de la violencia entre los jóvenes. No es un proyecto del Instituto de Minas Gerais, pero hay mucha gente, muchos colegas de la EBP (Escuela Brasilera de Psicoanálisis) y también del Instituto que están trabajando en este proyecto y otros proyectos sociales semejantes. Me parece que es algo que sigue también muy fuerte en estos días. Este tipo de proyecto tiene una propuesta más bien del lado de la ciudadanía, o sea es un proyecto político que tiene también que ver con el proyecto del campo de la salud mental  por ejemplo que  invierte en la concepción que la ciudadanía tiene y no es algo específico desde una clase social es para todos. En ese sentido entonces es interesante porque ese tipo de proyectos saca toda una parte de la población que no tiene voz, no tiene visibilidad, no tiene lugar y que de repente empiezan a tener algo desde lo que hacen en ese campo. No obstante, la combinación de algunos de los aportes muy sencillos y muy específicos que a veces se hace en este tipo de proyectos.

B.G. Recuerdo que nos hablabas de lo feliz del nombre.

S.L. Si. Fica vivo, la felicidad del nombre tiene que ver que en la época de la invención una de las coordinadoras era una colega nuestra del psicoanálisis y que lleva una propuesta de un equívoco, porque es un nombre que juega con el hecho de que ficar vivo en portugués se dice en el sentido de no morir, de permanecer vivo, de quedarse con sobrevida lo que es muy importante entre los jóvenes involucrados con la violencia porque hay una tasa de mortalidad muy grande, que afecta a estos jóvenes. Pero fica vivo tiene que ver también con el hecho de que hay que estar despierto, tener atención. En ese sentido el proyecto juega con esas dos caras. Una cara como si fuera la de la concepción del gobierno, de la sociedad en general, de la biopolítica, hay que cuidar de los pobres, de los marginados, pero al mismo tiempo juega con un hecho de lenguaje, con una palabra que es común a los jóvenes. Eso me parece muy importante que se pueda encontrar no sólo una propuesta del tipo para todos sino también, en el para todos hallar una forma del cada uno.

C.C. En la misma línea, en el Seminario 16 Lacan enuncia la dificultad creciente engendrada por lo que llama la absolutización del mercado del saber. Entendemos que además este mercado del saber, efecto de la alianza del capitalismo con las tecnociencias, impusieron los gadgets que han provocado el deslizamiento de una erótica del saber a una autoerótica del saber que prescinde de las estrategias necesarias con el deseo del Otro para ir a buscar ese saber. Ya sea en educadores, mediadores, incluyendo a los padres. ¿Qué consecuencias implica esto en las generaciones más jóvenes y cuál es la chance del discurso psicoanalítico frente a esta perspectiva en relación a una política de la transferencia?

S.L. Bien, me parece que en el texto que fue un anzuelo para un proyecto de trabajo del Instituto del niño, “En dirección a la adolescencia” Miller ha hablado de este movimiento del saber donde no es más el Otro, la autoridad que tiene un saber. Sino que hay un saber que se produce en contacto con el celular, con la tablet, con las pantallas de las computadoras. Hay una suerte de inversión porque los que no son tan jóvenes necesitan más bien de los jóvenes para que les expliquen a los no tan jóvenes como se hace para bajar una película, como enviar un mensaje en WhatsApp y cosas así. Existe una inversión concreta en relación a lo que pasaba antes. Me pareció muy interesante la pregunta sobre la chance en relación a la transferencia, porque en general mucha gente incluso los psicoanalistas y no psicoanalistas que siguen la orientación lacaniana, muchas veces se quejan de ese tipo de adhesión generalizada y muy fuerte de los jóvenes a los gadgets. Me parece que de nuestro lado, por supuesto que se nos imponen algunos obstáculos y problemas. Nuestra clínica no se la puede hacer del mismo modo, es decir de una forma más tradicional. Muchas veces me pregunto si hoy en día, de una manera cotidiana, verdaderamente el analista es uno que no trabaja, como decíamos en los años 80: quien trabaja es el analizante. No me parece que sea algo muy efectivo en la clínica contemporánea, muchas veces hoy hacer creer a alguien en su inconsciente implica todo un trabajo que está a nuestro cargo y no al cargo del paciente y eso me parece que cambió considerablemente en la clínica de una manera general. Por supuesto que es el caso por caso; y claro cuando logramos despertar este tipo de creencia en el inconsciente los casos clínicos se vuelven un poco más tradicionales si puedo decirlo así. Cuando se habla de chance para la transferencia es importante subrayar que este tipo de adhesión a los gadgets o este tipo de autoerotismo de saber hay también en este sesgo una presencia de la alteridad, por supuesto no es la alteridad del gran Otro, ni la alteridad de la autoridad, sino más bien la alteridad del cuerpo. Entonces hay que pensar que el autoerotismo para nosotros no es pura y simplemente la relación de cada uno consigo mismo, como si fuera un mundo encerrado, un mundo donde no se puede entrar, es también una relación que incluye un elemento extranjero, de alteridad, el propio cuerpo. Entonces desde este punto de vista hay que sacar muchas más consecuencias de este tipo de lógicas que Miller nos ha legado hace cuatro años más o menos, que el cuerpo es algo prójimo, muy cercano y al mismo tiempo muy extraño, muy lejano. Al autoerotismo hay que pensarlo y hay que tomarlo de este lado: de la alteridad del propio cuerpo. Cuando logramos tomarlo así, creo que cuando se puede remarcar la presencia de este elemento extranjero que es el cuerpo y del lado de la transferencia hacer hablar eso, creo que ese mundo aparentemente encerrado se abre para nosotros. Los jóvenes sobre todo van a tener otro tipo de experiencia con esos objetos, a partir de la experiencia analítica, con sus cuerpos y con sus modos de decir.

B.G. ¿Qué clase de segregación implica la caída del Otro del saber con la consecuente desidealización, que lleva a muchos jóvenes a adherirse a las teorías del complot como un modo degradado de evocar al gran Otro inmoral y malvado? ¿Cómo es que hemos pasado de los idealismos del siglo XX a los radicalismos del siglo XXI?

S.L. Esta pregunta me hace recordar a un artículo que va a ser publicado próximamente en la Revista Lacaniana 21, donde hice una comparación o más bien una suerte de aproximación pero también de diferencia entre lo que pasa con los terroristas franceses del Islam y lo que pasa con los jóvenes brasileños involucrados en el tráfico de drogas. Me pareció que hay una suerte de matriz que es común y que tiene que ver con el anonimato. Eso creo que es común. Se me hizo evidente cuando empecé a leer sobre la vida de esos terroristas y encontré algo muy interesante que un politólogo francés que se llama Roy va a decirnos: que la generación actual de terroristas aunque se proclamen defensores del Islam, este Islam que defienden no tiene ninguna relación con la tradición, es un Islam completamente virtual, en la gran mayoría de estos jóvenes. Es un Islam que no conocen desde la perspectiva de la religión sino desde el punto de vista de lo que se difunde en Internet. Habría una suerte no de radicalización del islamismo sino más bien una islamización de la radicalidad, más bien una inversión. Eso me pareció que tiene que ver con el lugar despreciado que estos jóvenes tienen, nacidos de familias árabes, están involucrados en Francia y no encuentran un lugar ni entre sus padres ni madres, sus padres ya más tomados por el modo de vida francesa, ni por sus abuelos que son tomados por el modo de vida árabe que no tienen nada que ver con lo que le pasa a sus jóvenes nietos. Eso me pareció muy cercano con lo que pasa con los jóvenes brasileños involucrados por el tráfico. Eso que ya Lacan nos decía en la "Nota sobre el niño" acerca de la transmisión de un deseo que no fuera anónimo. Es exactamente lo que se encuentra, la familia como ese sitio privilegiado donde una suerte de transmisión pueda ser puesta en ejercicio, eso no se encuentra más y al mismo tiempo los lazos de la comunidad donde viven no logran hacerles un lugar, ubicarlos en la sociedad. En ese sentido entonces van a encontrar en ese tipo de lógica de los enjambres contemporáneos algo que les aporta un tipo de sitio, de lugar, de nombre, desde allí empiezan a hacer cosas, sean los actos terroristas, sean los actos violentos del tráfico de drogas. De hecho, el mundo contemporáneo que es un mundo que vive una suerte de desprecio de la palabra, al mismo tiempo se nota en estos actos violentos, terroristas, un intento de querer decir. No pienso que vayamos a resolver todo, pero si logramos cernir un poco lo que es esa voluntad de decir, hacerla existir, darle un lugar diferente a ese lugar segregado donde están, quizás las respuestas van a ser mucho menos violentas o por lo menos no van a ser tan violentas de una manera generalizada. El terrorismo actual de los jóvenes es muy diferente porque se nota que es una forma de enjambre. Por ejemplo, me pareció muy raro que tras el acto de terrorismo francés del año pasado, el atentado en la disco en Orlando. Este tipo americano hizo todo un discurso en donde se proclamaba, autoproclamaba, interesado en las cosas del Islam , el propio Estado Islámico ha dicho es nuestro hermano, pero se nota que nada que ver. Es un loco que ha sacado los términos del Islam y que usó eso en su carrera loca contra los homosexuales y que al mismo tiempo el Estado Islámico -no menos enloquecido- también aprovechó que este hablara en nombre de Islam; y como son también homofóbicos lo usaron. Se nota que no hay una coordinación. No son los jóvenes detrás de un ideal como en el siglo pasado, los jóvenes latinoamericanos que iban Cuba a hacer ejercicios de la lucha armada para enfrentar al capitalismo, no hay un proyecto. O sea hay un proyecto del Estado Islámico pero los jóvenes hoy siguen la lógica del enjambre.

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