“El dinero en la pareja o la economía libidinal”

Por Roxana Chiatti

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Roxana Chiatti: Es psicoanalista en Córdoba, Argentina. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos (CIEC)

 

Tomar el sesgo del dinero para hablar de lo pulsional que se juega en su circuito, es un tema que podemos habitualmente leer en la literatura psicoanalítica. Si a esto le sumamos su anudamiento a la pareja, ya se complica un poco. Ni qué hablar, cuando el punto común de la perspectiva es lo anal.

El dinero, lo sexual y lo anal es un ternario que desde mi óptica está en comunidad respecto de un rasgo: dar lo que se tiene; lo que ya anticipa una dificultad en el plano del amor, cuya fórmula -como sabemos- es exactamente opuesta.

Sabemos por Jacques Lacan que lo anal se ubica un poco aparte de los otros modos pulsionales; ¿en qué? ya lo veremos.

En este terreno, lo que designa lo más particular es algo que tiene la propiedad de ser expulsado, y por esa razón, tendemos a desinteresarnos del asunto. Se puede pensar que lo que más nos interesa es lo que entra, porque lo demás se pierde. Entonces cabe preguntarnos: ¿cómo es que llega a tener tanto valor subjetivo aquello que debiera ser un desecho?

Esa subjetividad tiene sus orígenes en la dialéctica de la demanda que se instala respecto del Otro materno. Se le pide al niño que retenga y que lo haga el tiempo suficiente hasta hacerlo dominar el objeto como parte de su cuerpo. Luego es necesario soltarlo, siempre bajo demanda, lo que a estas alturas se presenta con cierta confusión dividiendo al sujeto. ¡¿Cómo se podría querer soltar una parte del cuerpo que ya se valora tanto?! El niño ha captado sin embargo que su actividad aporta una invaluable satisfacción a la madre, sumado a los incontables beneficios que le confiere a su portador. Su valor de agalma queda en evidencia.

Volviendo a la pregunta de inicio: ¿en qué se ubica esta modalidad un poco aparte de las otras? Principalmente, y en total disimetría con los otros modos del a donde el sujeto cree que el objeto es el Otro, …en el nivel anal por primera vez tiene la oportunidad de reconocerse en un objeto.”1, es decir que aquí el objeto es el representante del sujeto. Esta precisión nos permite entender, si homologamos la ecuación freudiana dinero-heces, cuántas veces el dinero exime de poner el cuerpo, y también lo contrario. Luego están las consecuencias de esa sustitución.

La economía libidinal

La economía: termino freudiano que nos remite a lo que se juega a nivel de la pulsión, su movimiento circular, su adhesión, su investimento y su desinvestimiento, su fijación, modalidades en donde el cuerpo sexuado no queda por fuera. Elementos que resuenan, o podemos hacer resonar en el campo de la pareja y sus intercambios de intereses, sus modos de relación al dinero en esa ‘otra economía ‘en que ambos están implicados.

Por el lado masculino, la presencia en su cuerpo de algo que podrá perderse implica una posición de resguardo o bien de oblatividad -que es casi lo mismo- lo cual deja del lado de la mujer, en el mejor de los casos, algunas salidas a su favor para procurarse aquello de lo que dice estar privada. Son los suplementos que en su “economía” se inventa para su goce. El goce de un lado resuena en el otro, haciendo existir una modalidad que desde lo anal podría pensarse en una exclusividad de la demanda a expensas de la emergencia del deseo.

Para la mujer ocupar el lugar del objeto puede resultar un sitio de malestar, al estar retenida en esa fórmula del hacerse mierda que la pulsión anal y su circuito propone. Para el hombre el hacerse demandar insistentemente anula el deseo, y hace prevalecer la mortificación.

Para él, el dinero puede presentarse como reservorio de un tener que se airea a cuentagotas; para ella, una ilegitimidad en su tener que puede tramitarse por la vía del usufructo, entre otros ejemplos.

Materialización episódica

El dinero, como la representación preeminente de lo anal, se da, se quita, se demanda, se esconde, se retiene, se expulsa, se pierde, se gana, se acumula, hace sufrir, satisface.

Es lo que hacemos con el goce, es lo que forjamos con esa materialización episódica del objeto que marca el borde que deja circunscripto su extracción. Separación que no es suficiente si no escribe una relación a la castración.

En definitiva, en la pareja, eso nunca es suficiente, o es demasiado, o es demasiado poco, o se rechaza lo que se ofrece porque no es eso.

¿Cómo salir de la ciénaga?

Si seguimos este trazado, pareciera que el dinero ocupara el lugar del partenaire que falta, en tanto en la pareja eso se apareja de manera distinta en cada quien, cada uno por su lado.

La dificultad se presenta entonces en cómo salir de la ciénaga que el límite del dinero marca, cercando una imposibilidad para el amor que este circuito arrastra.

Pues bien, “El amor, que en la opinión de algunos hemos querido degradar, sólo puede postularse en ese mas allá donde, para empezar, renuncia a su objeto.”2

Los dejo con esta inquietud: el acceso a la sexualidad femenina, puede ser el aparejo que acompañe esa salida.

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Referencias bibliográficas


  1. Lacan, J. El Seminario Libro 10, La Angustia. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2011, 7° reimpresión, página 325.
  2. Lacan, J. El Seminario Libro 11, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1991, 4°reimpresión, página283
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