La salvación por el desecho

Por Fabián Fajnwaks

 fabian fajnwaks

Fabián Fajnwaks: Es psicoanalista en París, Francia. Analista de la Escuela (AE) de la Causa Freudiana (ECF) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)

 

Retomo el título de un excelente artículo de Jacques-Alain Miller1 porque me parece que designa de la manera más justa la operación que el análisis permitió en mi relación con el circuito de la analidad. Que la analidad misma -como circuito de la pulsión- pueda servir para algo allí donde este objeto está destinado, por esencia, a no servir absolutamente para nada es una suerte de paradoja a la que el psicoanálisis nos introduce. La diferencia entre el objeto anal -que no sirve en efecto para nada- y el circuito, es lo que nos pone en la senda de poder obtener una utilidad que, a la manera de un savoir faire, nos conduzca al terreno de la sublimación, con independencia de lo modesta que ella sea. Incluso al de cierta utilidad encontrada en el fin del análisis, no tanto ya con el resto, sino con el circuito mismo.

Señalemos aquí la diferencia existente entre el abordaje de Freud respecto de la perspectiva de la sublimación -del destino «socialmente aceptado»2 que podía seguir el objeto de la pulsión; de la idea aún marcada por el Ideal que reservaba a la creación artística en los principios del siglo XX- y el abordaje de Jacques Lacan en la última parte de su enseñanza con la proposición del «escabel» al cual el artista eleva su obra.
El siglo XX ha avanzado (el término «escabel» data de 1975) y el arte y la creación ya no son lo mismo que en la década de 1910, cuando Freud había escrito su texto sobre la pulsión. Evidentemente Joyce ha operado un cambio fundamental en la literatura del siglo XX, junto a otros, como Proust, Kafka y Müsil, quienes sentaron las bases de la autoficción, veta que habitará una gran parte de la creación literaria incluso hasta nuestros días. No es solo que «la lengua inglesa ya nunca será la misma después de James Joyce» como lo decía Philippe Sollers, sino que la creación literaria misma se verá radicalmente modificada después de Joyce: el recurso de la ficcionalización de lo cotidiano a lo epifánico devendrá moneda corriente en la literatura. Y ¿qué decir de Marcel Duchamp y sus ready-made? El arte contemporáneo encontrará allí su paradigma de la ‘escabelización’ del objeto como obra de arte. En eso del resto que el objeto desecho supone y que será modelo de lo que vendrá luego, a partir de la utilización de los objetos que circundan al artista en su creación, cuando hasta su propio cuerpo devendrá sus productos, su atelier o, incluso, el espacio mismo en el land-art -aquello a partir de lo cual el artista crea-.
Herbert Marcuse, quien se inscribía aún desde una perspectiva Ideal de la creación artística –igual que Freud- podía escribir en este sentido que el arte había encontrado una «desublimación progresiva» a lo largo del siglo XX3 Esta crítica suponía no ver que a partir de Duchamp lo que importa es el escabel, sobre el que se sostiene el objeto exhibido (cuando hay objeto para exhibir).

La ironía de Lacan con este término escabel consiste en mostrar que, en la creación, el artista se eleva muy poco -se distancia muy poco, en realidad- de la satisfacción de la pulsión. Lo dirá de manera anticipada en el Seminario 11 sobre Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis4 cuando señala cuánto nos hace gozar Cézanne con las pequeñas deposiciones sobre la tela. No obstante, al proponer el escabel como ironía respecto de la sublime sublimación de Freud, Lacan, además, se muestra contemporáneo del tipo de creación que el arte de nuestro tiempo dio a luz, el de la perspectiva del ready-made.

Salvarse con el desecho

Mi padre acumulaba su capital. No estoy seguro de que fuera obsesivo -como durante mucho tiempo lo pensé- pero, en todo caso, esta acumulación de capital, sobre todo sin gastarlo, sin querer disfrutar de él, me puso muy temprano frente al hecho de que la satisfacción se encontraba en el hecho mismo de acumularlo, más que en el disfrute de usarlo. Tuve que avanzar bastante en el análisis, por mi lado, para entender cuánto de mi dificultad con el dinero, del hecho de ganarlo y de prever un resto en lo que entraba y lo que salía, daba consistencia a esta acumulación paterna, como en una suerte de delegación inconsciente donde «aquello del dinero era para él y yo me ocupaba de otras cosas». Tuve, así, como un encuentro frontal, de entrada, con el goce tan actual que supone la acumulación.
Fue preciso confrontarme con la modalidad de goce privilegiada en el fantasma, cierto asirme a las cosas, no largarlas, quedarme pegado en una suerte de adherencia inercial a las personas y las cosas, para medir cuánto del hecho de aferrarme al Otro era una modalidad pulsional que implicaba la demanda silenciosa de tenerlo como un objeto al que no lograba dejar desprender del cuerpo. Como cuando niño no soportaba soltarle la mano a mi madre en los paseos, ni la amenaza de que su mano pudiera soltar la mía. Como un ligar al pasado con un marcado tinte nostálgico. En el análisis, esto se puso en evidencia como un vivir el pasado de manera definitiva. Como si el tiempo no pasara o, si lo hacía, era solo para distanciarme de aquellos momentos que habían quedado fijados, sin dialéctica posible con lo simbólico, sin poder, a veces, integrarlos en una trama histórica, con todo lo absurdo que esto resultaba. (¿Qué era, en el fondo, «el pasado»? ¿Mi infancia, el año pasado, ayer?). Absurdo que se aclaró cuando entendí a qué me ligaba verdaderamente, y el plus de gozar que obtenía en esta ligazón nostálgica: el no querer soltar el objeto perdido del deseo ¡que ya estaba perdido!
El objeto mirada, en su coalescencia con este circuito anal, jugaba también su papel aquí: buscaba aferrarme a la mirada del otro, tratando de hacerla coincidir con la que yo suponía que era la mirada del Otro, la mirada benévola, estimulante del Otro, a la que yo me ofrecía.
¿Cómo llegó la «salvación»? Construir este circuito me permitió obtener alguna libertad de movimiento y, a través de una desfijación5 al objeto en el fantasma, una vez que fuera desmontado, poder hacer un uso sinthomático de cierta obstinación, cierta decisión y cierta persistencia que no cede en nada, no ya al goce, sino al deseo, purificado todo lo posible del goce del fantasma que lo habitaba.

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Referencias Bibliográficas


  1. Miller, J-A. “La salvación por los desechos” intervención efectuada en el IVº Encuentro Europeo del Campo Freudiano, el PIPOL 4, realizado en Barcelona el año pasado (11 y 12 de julio de 2009), bajo el título "Clínica y pragmática de la (Des) Inserción en psicoanálisis" Publicada en la Revista Digital de la ELP: El Psicoanálisis N° 16
  2. Freud, S. « Pulsiones y destinos de pulsión ». en Obras Completas Ed. Amorrortu. Buenos Aires.
  3. Marcuse, H. L’homme Uni-dimmensionnel. Ed. du Minuit. Paris. 1969
  4. Lacan, J. Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidos, Buenos Aires,1995. Página 117
  5. Nota del Autor: Tomo este término en sentido contrario al de fijación de Sigmund. Freud, aquel que determina la aparición de los síntomas en el célebre circuito « fijación-frustración-regresión.
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